Consumo de bebidas azucaradas y riesgo de padecer cáncer

Consumo de bebidas azucaradas y riesgo de padecer cáncer

En la Inglaterra de la revolución industrial, el azúcar (con que se endulzaba el té) permitió a los obreros trabajar jornadas interminables sin caer rendidos por la fatiga. América producía suficiente azúcar como para que esta dejara de ser un privilegio de las clases más ricas. De hecho, el nuevo ingrediente era barato y tenía un alto valor calórico, por lo que resultó ser el “combustible” que la sociedad necesitaba en aquel momento.

Un siglo después las cosas parecen bastantes distintas. La proliferación de enfermedades como el cáncer, la diabetes, la hipertensión, etc. traen de cabeza a los sistemas de salud del mundo entero. Y la comunidad científica empieza a entender la relación entre el azúcar y muchos de estos males.

Uno de los últimos estudios sobre el tema se publicó en julio pasado en la revista The BMJ, alertando sobre la relación entre el consumo de bebidas azucaradas y el aumento del riesgo de padecer cáncer.

El estudio se llevó a cabo en Francia entre 101. 257 personas adultas sanas con una edad media de 42 años, de las cuales el 21% eran hombres y el 79% mujeres.  A todos ellos se les hizo un seguimiento de hasta 9 años, período en el cual fueron diagnosticados 2.193 casos de cáncer (693 cánceres de mama, 291 cánceres de próstata y 166 cánceres colorrectales).

Las encuestas aplicadas revelaron que un aumento de 100 ml por día en el consumo de bebidas azucaradas (también los jugos de frutas) estaba asociado a un aumento del 18% en el riesgo de cáncer en general y del 22% en el de cáncer de mama.

¿Cómo se explica esta relación?

Aunque los científicos no tienen datos conclusivos sobre la causa exacta, comentaron que el consumo de azúcar aumenta los niveles de glucosa en sangre y es sabido que los niveles elevados de glucosa propician los estados inflamatorios. La hiperglucemia y la inflamación son factores de riesgo de cáncer.

Pero también podría haber otras causas. Los compuestos químicos o aditivos podrían tener un papel importante en la aparición de la enfermedad.

El ayuno revierte el envejecimiento

Estamos programados genéticamente para ser mortales. Pero sabías que esa programación nos da un plazo de 100 a 120 años para vivir la vida con plenitud. Entonces ¿por qué solo una de cada 10.000 personas logra llegar al siglo? 

La respuesta es cada vez más clara para los científicos: el estilo de vida moderno socava nuestra biología.

Estamos más cómodos y sufrimos menos que hace unos siglos atrás, también tenemos un mayor acceso a avances tecnológicos que han aumentado nuestra esperanza de vida. Pero ni siquiera nos acercamos a nuestro potencial máximo de estancia por esta hermosa tierra.

La magia del ayuno

La restricción calórica (disminución del alimento diario) es la herramienta más efectiva (y documentada) para la longevidad. Numerosos experimentos en mamíferos han demostrado que sometiéndolos a una dieta que contenga solo dos tercios de las calorías habituales se consigue prolongar su longevidad máxima.

La historia se ha encargado de mostrarnos a través de desafortunados acontecimientos como grandes hambrunas, guerras, o aventureros perdidos que el método funciona también para los humanos (como mamíferos que somos).

Así, un hombre promedio (y gozando de buena salud) puede estar hasta 40 días consumiendo solo agua, sin que eso suponga perjuicio alguno para su bienestar físico.

Aclarado este punto. Pasemos a lo que nos interesa: cómo utilizar el ayuno para aumentar la longevidad.

La evidencia científica señala que el ayuno intermitente tiene los mismos efectos sobre el envejecimiento y la salud que la clásica restricción calórica.

Estos efectos son:

  • Apariencia juvenil
  • Mejor resistencia al estrés
  • Bajos índices glucémicos en sangre
  • Morbilidad reducida
  • Menor formación de tumores
  • Menos colesterol
  • Menor degeneración del colágeno
  • Menor proporción de grasa corporal
  • Menos procesos inflamatorios
  • Mayor esperanza de vida

No es necesario comer dos tercios de lo que estamos acostumbrados. Con ayunos periódicos (semanales o mensuales) de 24 a 48 horas se puede “adquirir un ritmo metabólico más lento, una producción de enzimas más eficiente, un sistema inmunológico más capaz y una mayor producción de hormonas. Este último aspecto es interesante por el hecho de que si bien ya se sabía que la hormona de crecimiento humanos (GH) es segregada en mayor abundancia y frecuencia en condiciones de ayuno, se encontró que también se segrega cierta hormona antienvejecimiento”, afirma el director del Centro de Terapia Metabólica para el Cáncer en Buenos Aires.

Advertencia

Si estás interesado en poner en práctica este método te recomendamos que consultes primero a tu médico de cabecera. Pues existen ciertos problemas de salud (diagnosticados o no) para los que el ayuno intermitente podría resultar contraproducente. En el caso de los diabéticos por ejemplo, este método podría obligar a cambiar las dosis de medicamentos que se aplican habitualmente.

Glicación: lo que hace el azúcar a tu piel

La glicación es en efecto un factor de envejecimiento descubierto recientemente y está directamente relacionado al consumo de azúcares. Es decir, es una reacción de la piel ante el consumo excesivo de azúcares en nuestra ingesta.

Veamos cómo funciona:

El exceso de moléculas de glucosa (azúcar) hace que estas reaccionen con las proteínas favoreciendo la aparición de radicales libres, y la liberación de enzimas degradantes de las macromoléculas de la matriz extracelular dérmica. Esta destrucción acelera el proceso de envejecimiento dérmico.

El colágeno es la proteína más abundante en la matriz extracelular dérmica, al juntarse con las moléculas de glucosa se ensanchan formando las llamadas “proteínas glicosadas”. Este aumento de tamaño hace que pierdan flexibilidad.

La glicación daña el colágeno como hemos visto, pero también la elastina, los proteoglicanos y las glicoproteinas estructurales. Favoreciendo la oxidación. El resultado, que empeora con los años y el consumo de azúcares, es: pérdida de tonicidad, debilitamiento de la hidratación cutánea, aparición de arrugas, aparición de manchas, caída de los párpados y envejecimiento prematuro.

Los productos utilizados para combatir la glicación suelen utilizar los principios activos de la vitamina C y otros poderosos antioxidantes que operan directamente sobre las zonas del problema. Pero el verdadero problema viene de dentro, es decir, de la alimentación y en los resultantes niveles de glucemia en sangre.

La glicación no solo afecta a la piel, sino que ejerce una influencia parecida en el resto de los tejidos del cuerpo. De ahí la importancia de reducir el consumo de azúcares en nuestra comida, sin olvidarnos de que todos los carbohidratos, incluso aquellos que no tienen un sabor dulce, se convierten en glucosa una vez que son digeridos.


En próximas publicaciones le revelaremos los secretos de ese dulce y silencioso veneno llamado azúcar. 

Cenar temprano reduce riesgo de cáncer

Acostarse inmediatamente después de cenar ya no solo es malo para la digestión sino que podría aumentar el riesgo de padecer enfermedades como el cáncer. Así que, para lograr el efecto contrario, si después de cenar  esperamos como mínimo dos horas antes de ir a dormir, podríamos reducir la posibilidad de padecer cáncer de próstata en el caso de los hombres y de mamas en el caso de las mujeres, según revela un estudio español del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).  El estudio asegura que cenar antes de las 9 de la noche o esperar al menos dos horas antes de acostarse nos ayuda a conseguir un 20 % menos de riesgo de desarrollar este tipo de tumores.

Por lo tanto, no solo lo que entra por nuestra boca es importante sino también tener en cuenta el momento en que ingerimos los alimentos, ya que es importante que la digestión se desarrolle antes de irnos a dormir pues como consecuencia puede alterar nuestro sueño (ciclo circadiano).

¿Qué es el ciclo circadiano?

Del latín circa, alrededor, y dies, día, el ciclo circadiano es el reloj biológico de nuestro cuerpo que responde al ciclo de las 24 horas del día. Cuando interrumpimos este ciclo natural de vigilia/sueño es que se producen las alteraciones del sueño y, otros problemas de salud, aún más graves.

Buen sueño

El punto está en que estos tipos de cáncer tienen mucho que ver con el trabajo nocturno y la alteración del reloj biológico, de ahí parte la premisa fundamental de lo que habíamos mencionado anteriormente.

De los casos estudiados, 872 hombres y 1321 mujeres, encontraron que el 71,5 % y el 91,2% padecían cáncer de próstata y de mamas, respectivamente. Horarios de comida, sueño, un cuestionario sobre hábitos de alimentación, entre otras cosas, fueron los datos que recolectaron de las entrevistas realizadas.

La conclusión del estudio afirma que tener en cuenta los horarios de las comidas, preferentemente diurnos, se asocian con menos riesgo de cáncer en ambos géneros.


Cena liviana

Si combinamos una cena pequeña en proporciones así como rica en nutrientes como proteínas y verduras, con un horario adecuado para realizarla, no solo contribuimos a disminuir el riesgo de cáncer sino a nuestro bienestar general.

No olvidemos que cenar alimentos livianos antes de las 21 y 2 horas antes de ir a dormir, pueden prolongar nuestra vida y mejorar nuestra salud.